Un cambio legal abrió el mercado.
Durante años, cada departamento defendió su aguardiente como propio. Hasta que un día, la historia cambió.
Para celebrar la apertura de fronteras comerciales hicimos un viaje.
No uno literal, sino simbólico.
Recorrimos las distintas regiones de Colombia entendiendo que cada territorio tiene su propio ritmo, su propia luz, su propia manera de celebrar. Creamos un universo propio, con códigos culturales específicos que guiaron decisiones de arte, ritmo y narrativa.
El aguardiente no se impuso en escena; se integró con naturalidad en los rituales sociales de cada lugar.
Un viaje construido con intención, donde cada escenario fue diseñado para representar diversidad y celebrarla.
En digital, la historia continuó cuadro a cuadro.
Los posts y la fotografía capturaron la esencia de cada región con una estética cuidada y coherente, trasladando el lenguaje cinematográfico a formatos pensados para pantalla móvil.